La Plata, 2 de noviembre de 2027
Para Clara
Antes de que el mundo te lea
Dentro de pocos días muchas personas van a conocer tu historia. Yo quería escribirte antes de que eso ocurriera.
Clara:
Dentro de pocos días vas a sentarte frente a una sala llena y vas a sostener en las manos algo que durante años existió solamente en cuadernos, carpetas y pantallas abiertas a cualquier hora.
Sé que para los demás será el lanzamiento de tu primera novela. Para mí también será otra cosa: el momento en que una parte muy antigua de vos finalmente salga al mundo.
Te vi escribir cuando todavía no sabías que eso podía convertirse en una profesión. Eran hojas dobladas, personajes con nombres imposibles y finales que cambiaban cada vez que los contabas.
También te vi guardar todo cuando empezaste a pensar que tal vez escribir no era algo suficientemente serio. Durante un tiempo llamaste “notas” a tus cuentos, “ejercicios” a tus capítulos y “cosas sueltas” a lo que más te importaba.
“A veces necesitamos muchos años para atrevernos a llamar por su verdadero nombre a lo que amamos.”
Nunca quise decirte que tenías que publicar. Quería algo más difícil: que pudieras escribir sin sentir que estabas perdiendo el tiempo.
Por eso, cuando me diste el manuscrito completo, no empecé a leerlo como una madre que busca reconocerse. Intenté leerlo como una lectora. Pero en cada página aparecía algo tuyo que yo conocía: la forma de mirar las casas, la atención a los gestos pequeños, la idea de que los silencios también cuentan una historia.
Hubo escenas que me emocionaron. Otras me incomodaron. Algunas me hicieron pensar que los hijos también guardan versiones de la familia que los padres nunca llegan a conocer del todo.
Y eso está bien. Un libro no tiene que protegernos. Tiene que encontrar su propia verdad.
No importa cuántas personas entren a esa sala, cuántos libros se vendan o cuántas reseñas lleguen después. Ya hiciste algo enorme: terminaste la historia que durante años pensaste que no ibas a poder terminar.
Sé que estás nerviosa. Sé que imaginás preguntas difíciles, silencios demasiado largos y todo lo que podría salir distinto de lo planeado.
Pero también sé algo que vos todavía olvidás: cuando hablás de una historia que amás, dejás de intentar hacerlo perfecto. Y ahí es cuando mejor se te escucha.
El sábado voy a estar entre las primeras filas. Seguramente voy a llorar antes de que empieces a leer y voy a intentar que nadie lo note.
Voy a recordar a la nena que escribía con la lengua entre los dientes, a la adolescente que escondía sus cuadernos y a la mujer que volvió a buscar todo aquello que había dejado guardado.
Después el libro será de los lectores. Cada persona va a llevarse una parte distinta, va a imaginar otras caras y va a encontrar recuerdos que no tienen nada que ver con los nuestros.
Esa es la parte hermosa. Una historia puede nacer de alguien y, aun así, aprender a vivir en muchas personas.
Gracias por no haber dejado de escribir. Gracias por volver cuando te alejaste. Y gracias por confiarme estas páginas antes de que fueran de todos.
Una última nota
Hay algo que quiero que leas después del lanzamiento
Cuando termine la presentación y todos quieran hablarte, buscame un segundo. No para decirte nada importante. Solamente para abrazarte antes de que empiece todo lo que viene después.